En Chile no tenemos problema para alzar nuestros ojos a los montes. Es un ejemplo de fortaleza, pero el salmista tiene una fortaleza aun más grande.

“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?” “Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra” Salmos 121:1-2

 

El Salmista hace la pregunta sobre la fuente del socorro que necesitamos para vivir en este mundo. La respuesta no se hace esperar, pues el verso siguiente nos contesta, “Mi socorro viene de Jehová.” Este Salmo es el segundo de los quince Cánticos Graduales. Los eruditos dicen que estos salmos eran los cánticos que entonaban los Israelitas al ir subiendo a Jerusalén tres veces al año para celebrar las fiestas ordenadas por Jehová. Estos Salmos expresan diferentes aspectos de la vida cotidiana del pueblo.

 

Muchas veces se refieren a este Salmo, llamándolo “El Cántico del Viajero.” En el verso uno, son mencionados los montes que los peregrinos observan al acercarse a la ciudad de Jerusalén. La pregunta hecha en el verso uno recibe su respuesta en el verso dos. La respuesta sugiere que el socorro deseado no vendrá de los montes, sino de Jehová, el Creador, no solamente de los montes, sino también los cielos y la tierra. Los montes son pequeños en comparación con toda la creación. Los montes representan moles inamovibles para el ser humano, pero hay Alguien mayor en solidez que los montes; Jehová mismo, el Eterno Dios. En el Nombre de Él, hay seguridad.

 

En los versos tres a ocho, la palabra “guardar” aparece en diferentes formas seis veces. En otras palabras, la promesa de seguridad está relacionada con Jehová. Él guarda y preserva constantemente, vv.3-4. Si nunca se adormece ni duerme, está presente siempre cuidando a los suyos. Él protege totalmente, vv.5-6. Él acompaña siempre, vv.7-8. Continúa válida la promesa de Hebreos 13:8, “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” El nombre Jesús significa “Jehová salva.”

WJO/daj

Lectura Diaria:
Josué 11-12 [leer]
/Isaías 8:5-9:7 [leer]
/Lucas 24:13-35 [leer]