El internet, los iPhone y los iPad nos han dado acceso a un número cada vez más abultado de noticias. Hay ciertos eventos que ocurren en una parte y dentro de media hora millones saben. A veces nos alegran, pero me parece que hay más noticias que entristecen, especialmente al ver cuántas personas jóvenes se desvían del camino de la santidad y los valores mencionados en la Palabra de Dios. David el rey tuvo un hijo rebelde y sufrió por eso.

 

¨Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” Efesios 6:2-3

 

La historia de David que pasó de ser un joven pastor a ser el rey máximo sobre Israel ocupa mucho espacio en el Antiguo Testamento. Entre el tiempo de ser un adolescente sentado entre las ovejas a ser un rey sentado en el trono sobre el pueblo de Dios, se cuenta de muchos eventos y circunstancias que nos emocionan. Su gran victoria sobre el gigante Goliat es legendaria y los niños en la Escuela Dominical la conocen bien. La agilidad de David en escaparse del rey Saúl que quería matarle y luego su gran amistad con Jonatán nos enseñan cómo Dios protegió a su escogido. Desafortunadamente, le tocó tener un hijo rebelde llamado Absalón, que asesinó a su hermano Amnón para quitarle la posibilidad de suceder al padre en el trono. Aunque Absalón tenía todo lo que necesitaba para ser feliz, escogió el camino dictado por su ambición y eso le convirtió en traidor. En vez de tener humildad, se dedicó a conseguir la popularidad entre el pueblo. Era de muy buen parecer. El pueblo no había aprendido la lección que Dios enseñó a Samuel, que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero que Dios mira el corazón (1 Samuel 16:7).

 

Absalón mismo formó y encabezó su propio ejército para pelear contra su padre. Por su parte, David encargó a sus generales y al ejército que cuidaran la vida de Absalón. El largo cabello de Absalón era fuente de orgullo para él, pero cuando “iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante” 2 Samuel 18:9. El general Joab se encargó de hacer justicia con Absalón, quien en su huida ha quedado en una situación en la cual no pudo defenderse. La muerte de Absalón afectó profundamente a David. Lloraba abiertamente y hacía duelo por su hijo. “Se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo… Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente… mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!”

 

David no fue el primer padre de lamentar la muerte de un hijo rebelde. Y no sería el último. Se ha repetido la escena muchas veces por la misma causa, hay jóvenes que no quieren tomar a Dios en cuenta. Un conocido mío resistió el llamado del Señor y en un viaje estrelló su camioneta contra un puente y perdió la vida. El dolor de los padres fue grande. La belleza humana puede convertirse en una trampa, como ocurrió con Absalón. La persona que vive su vida sin tomar a Dios en cuenta, halla que la vida que busca construir termina en un fracaso. Cuando un individuo no sabe apreciar la vida que Dios ofrece a través del Señor Jesús, se pone soberbio y arrogante. No le interesa el  perdón ofrecido. Absalón fue Privilegiado, Presuntuoso y al final, Perdido. Nos identificamos con los padres que oran constantemente por sus hijos. Pedimos a Dios que sepan de la bendición de arrepentirse y ser perdonado. La persona salvada que termina su vida confiando en Dios pasa a la presencia de Dios en el cielo. Pero el fin de los que rehúsan creer es perderse para siempre en el infierno. Cuán importante  estar preparado para vivir para la gloria de Dios; pues le deja preparado para morir. Absalón no supo honrar a su padre y pagó caro por su pecado. Sigamos orando por la juventud de hoy. –daj

 

Lectura Diaria:
2 Reyes 18 [leer]
/Jeremias 51:25-64 [leer]
/1 Timoteo 2 [leer]