¿Cuántas miles de personas van a encarar el día de hoy en un estado depresivo? ¿Cuántos van a sufrir en su ser interior por sentirse desanimados? No es necesario quedarse en este estado, Jesús mismo ofrece la salida.

 

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.

 

Hoy día muchos preguntarán a sus compañeros,”¿cómo están?”. La contestación de rigor que será “bien gracias”, aún cuando a veces no sea cierto. Otros darán una respuesta indicando los achaques que tienen. Muchos sufren de un mal que afecta a millares todos los días. Es el mal intangible del DESÁNIMO. Este mal roba a muchos de su felicidad interior, y les quita la alegría exterior. No es un mal solamente del siglo presente, pues la depresión ha afectado a la humanidad desde los albores de su historia. El primer hombre nacido en el mundo, Caín, vivió ese mal, y Dios le pregunto: ” ¿Por qué ha decaído tu semblante?” Caín estaba desanimado, pero su problema fue producto de su propia soberbia. Dios le indicó como salir de su condición.

 

Caín tuvo envidia de su hermano Abel, y se ensañó contra él porque Dios había mirado con agrado a la ofrenda de Abel, y no a la ofrenda suya. Por eso decayó su semblante. Caín no tenía razón justificada para deprimirse, porque había tenido igual oportunidad como su hermano de agradar a Dios con una ofrenda del tipo que Dios requería. Pero en vez de hacerlo, insistió en su propio método y perdió su felicidad. Al ver Caín abatido, Dios le habló indicándole la manera por la cual podía recuperar su felicidad. Era sencillo: obedecer la Palabra de Dios. La triste secuela de esta historia es que Caín no quiso humillarse y su enojo le llevó a matar a su hermano. Caín se perdió para siempre y anduvo el resto de su vida como un vagabundo a causa de su necedad. Había resistido los intentos de Dios para recuperarle de su estado.

 

A veces, la desanimación es producto de nuestra propia torpeza. Viene a causa de no conformarnos con la voluntad de Dios. Viene también por envidiar a otros en cuyas vidas ha habido bendición. La envidia lleva a algunos a atribuir móviles incorrectos a Dios. Piensan que todos deben ser halagados de la misma manera. Sin embargo, ninguna vida es igual a la vida de los demás. Dios es muy paciente y nos hace ver la causa de nuestro desánimo. Al mismo tiempo nos indica la salida de este estado tan desagradable. Se requiere humillación para admitir nuestra falta, y se requiere fe para aceptar el camino de obediencia que conduce al alivio emocional.

 

Es una lástima que miles hoy día sufrirán desánimo por porfiar en su maldad y desobediencia. Se roban a sí mismos de la alegría y el contentamiento. Nuestro Señor Jesucristo ya ha hecho la invitación a todos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” Mateo 11:28. Confiando en Él para controlar y guiar nuestra vida trae alivio. Saber que Jesús es nuestro Salvador y Señor trae tranquilidad. Jesús siguió con su invitación pues el servicio en compañía de Él tiene por objeto enseñarnos a confiar. Dijo Jesús: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” v.29. La mansedumbre y la humildad son dos virtudes que están ausentes en la vida de los desanimados. Dios dijo en Isaías 66:2 “miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra”. Ahí está el camino para sobreponerse al desánimo. –daj

 

Lectura Diaria:
Jueces 20 [leer]
/Isaías 38-39 [leer]
/1 Corintios 15:35-58 [leer]