Hallarse en un edificio en llamas tiene que ser una experiencia espeluznante. Escaparse del incendio es un milagro inolvidable. Hay muchos testimonios de personas que han logrado ponerse a salvo de las llamas en un incendio. La Biblia tiene un texto alusivo a eso.

 

“Fuisteis como tizón escapado del fuego; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová.” Amos 4:11.

 

Algunos años atrás hubo un gran desfile en la ciudad de Nueva York. Es una ciudad acostumbrada a los desfiles, especialmente cuando se trata de héroes deportistas o hazañas de gran envergadura, alcanzadas por hombres de ciencia u otras disciplinas. Pero este desfile incluía más o menos doce mil personas como objetos especiales de admiración. Al frente iban tres furgones especiales, llevando hombres y mujeres y niños. ¿Qué habían hecho estos para recibir aplausos y muestras de afecto de los neoyorquinos? ¿Quiénes eran ellos?

 

En un carro estaba un juez de la Corte. En otro iba un joven pobre con ropa descosida. Los lienzos colgando al lado del furgón anunciaban la razón: “todas estas personas han sido rescatadas de edificios incendiados”. Habrían perdido la vida si los bomberos no hubiesen intervenido y les hubieran salvado. Hoy están con vida porque en un día de ayer, hubo unos hombres valientes que arriesgaron su vida por ellos. Detrás de estos favorecidos, marchaban los bomberos, ostentando sus medallas por el valor demostrado. Y esto fue antes del fatídico 11 de Septiembre 2001. Era para sentirse orgulloso pues los bomberos estaban dispuestos a sacrificarse por la vida de otros y recibían su justo merecido en el desfile.

 

El texto bíblico de cabecera nos hace pensar que los sobrevivientes de los incendios eran como tizones escapados del fuego. Se supone que todos los que ocupaban los tres carros a la cabeza del desfile sentían una gran gratitud para con sus “salvadores”, los bomberos. ¿Habría alguien entre ellos que no estuviera agradecido? En el libro de Amos, el profeta se refiere a los israelitas que habían estado en peligro de morir, amagados por las naciones opositoras. Jehová mostró su mano poderosa salvándoles de una muerte segura y después dijo: “Y fuisteis como tizón escapado del fuego”. Pero aquí está la parte triste; Jehová tuvo que reprocharles diciendo, “Mas no os volvisteis a mí” Amos 4:11. Faltó a los israelitas la que tenían los neoyorquinos de sobra, la gratitud. Conviene a todo cristiano darse cuenta de cuán gran peligro ha sido salvado por el Señor y expresar su gratitud por ello. Hoy en día hay cristianos que demuestran poca gratitud para con el Señor. Aceptan todas las bendiciones como si las merecieran. No sienten ninguna responsabilidad para mostrarse agradecidos ni obedientes. Después de haber sido puesto fuera del peligro, los israelitas no volvieron a Dios para obedecerle o para servirle. El Señor Jesús se dio a sí mismo en la cruz para rescatarnos del infierno, pues Dios quiere que nadie perezca. Su mano se extiende por medio del mensaje del evangelio para rescatarnos como un tizón sacado de las brazas. ¿Ha expresado usted su gratitud? –daj

 

Lectura Diaria:
Números 8:1-26 [leer]
/Proverbios 5:1-6:19 [leer]
/Marcos 15:24-47 [leer]