Hay momentos en la vida cuando necesitamos una palabra de consuelo o de animación. Diversas son las razones que producen situaciones que nos dejan necesitados de una palabra de estímulo. Jesús tenía una frase que usó varias veces y nos sirve a nosotros también, “Paz a vosotros”.

 

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.” Juan 20:19.

 

En el día en que Jesús resucitó de la tumba, tuvo contacto con varios de sus discípulos. Comenzó con revelarse a María Magdalena, y a algunas mujeres. La pareja que iba rumbo a Emaús logró tenerle dentro de sus cuatro paredes, y tan pronto que descubrieron quién era el extraño que les había conversado en el camino, Él desapareció. Ellos corrieron a Jerusalén para confirmar la grata noticia: ¡Jesús está vivo! Y como para confirmar lo informado de los dos de Emaús, Jesús vino y se puso en medio de los discípulos. Estaban reunidos tras las puertas cerradas por miedo de los judíos. No era para menos, pues hacía tres días que escucharon las voces enojonas gritando “Crucifícale, Crucifícale”. Cuando arrestaron a Jesús en el huerto de Getsemaní, Jesús respondió a los soldados y alguaciles “Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos” Juan 18:8. Nadie tomó bajo arresto a los discípulos ya que Jesús intervino a favor de ellos en aquel momento tenso. Pero ahora, Él no está, según lo que ellos creen.

 

Jesús resucitó el primer día de la semana, día de trabajo para los judíos. Quizás las circunstancias dictaron que se juntaran ese primer día para protegerse. Ahora el Señor les busca para conversar con ellos, y animarlos. Al mismo tiempo, con su presencia, consagra el primer día de la semana como el día especial de Él. El primer día de la semana sigue siendo el Día del Señor.

 

Es triste ver como el día domingo ha perdido su carácter como día dedicado a Dios y los intereses suyos. Los estadios se llenan, los malls están repletos, los balnearios están copados, y el salmista antaño lo describió así, “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos” Salmo 10:4. Es triste ver como la juventud se cambia de ropa tan pronto que llegan de las reuniones de la iglesia y parece que para ellos el día del Señor termina al medio día y se dedican al placer en la tarde. Jesús buscó a los suyos la misma noche del primer día, y se reunió con ellos. ¿Dónde se encuentra Ud. el día domingo en la tarde? ¿Acaso el Señor le hallaría reunido con los suyos en una reunión de evangelización para glorificarle a Él? ¿Estaría para escucharle decir, “Paz a vosotros”? Espero que sí. –daj

 

Lectura Diaria:
2 Reyes 2 [leer]
/Jeremías 35 [leer]
/Hebreos 7 [leer]