“Y la roca era Cristo” 1 Corintios 10:4

El pueblo de Israel representa muy bien a todas las personas en todas partes del mundo. Desde la antigüedad, en el antiguo testamento, podemos reconocer en ellos rasgos de incredulidad hacia Dios, desconfianza, e infidelidad, que nosotros también presentamos. Una vez que Moisés anuncia de parte de Dios que Él se ha acordado de ellos (Éxodo 6:5) y comienza el despliegue sobrenatural de señales y prodigios, ellos tienden siempre a buscar los aspectos negativos o insatisfactorios de lo que Dios provee (Números 11:5).

En el pasaje de 1 Corintios 10, Pablo recuerda que los israelitas recibieron bendiciones de Dios de manera abundante y poderosa: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar” (v. 4). Cuando tuvieron hambre fueron alimentados con “pan del cielo” (Juan 6:31), cuando tuvieron sed recibieron agua de la roca (Éxodo 17:6). Pero aquí, Pablo nos introduce a otra esfera, a una que ellos ignoraron y, en consecuencia, despreciaron. Pablo nos dice: “y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (v. 2); la nube puede referirse sin duda a la columna de nube que les guiaba de día, señal visible de la presencia de Dios en medio de ellos así como la columna de fuego que aparecía por la noche: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche” (Éxodo 13:21-24) ¡Qué tremendo tener la presencia de Dios a ojos vista! ¿Se acostumbrarían a la presencia de Dios?, ¿Dejarían de asombrarse frente a la realidad de estar delante del Eterno? Luego Pablo continúa: “y todos comieron el mismo alimento espiritual” (v.3) Ya no estamos hablando necesariamente del maná, pues se nos está diciendo que era un alimento espiritual, y: “todos bebieron la misma bebida espiritual” y está claro que no se puede referir solamente al agua de la roca sino más bien a una agua que sacia el espíritu, pues era bebida espiritual (v. 4). Finalmente, Pablo nos introduce a la revelación más asombrosa: “porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (v. 4). La roca era Cristo, y ellos no le conocieron. Estuvo ahí, frente a ellos para ser hallado, para ser visto sin dificultad. Semejante a lo que nos dice Juan 1:10 “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció”.

Lo que nos debe llamar la atención acá, aparte de que los israelitas estuvieron siendo protegidos y provistos por el mismo Hijo de Dios durante su peregrinar por el desierto, es lo que sigue a continuación: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto” (v. 6). Debemos tener muy presente que pese a todas las bendiciones evidentes que ellos recibieron cuando fueron libertados de la esclavitud de Egipto y en su caminar diario por las arenas desérticas, la mayor parte de pueblo de Israel pereció en el desierto. Se puede recibir bendición, se puede escuchar la palabra de Dios, ir a reuniones, leer la Biblia en casa, degustar las bendiciones espirituales, incluso orar… y perecer. El llamado de atención es para todos, la pregunta es personal: ¿Se agrada Dios de usted, o pese a todas la bendiciones que ha recibido de Dios va camino a la perdición? –rc

(continúa)

Lectura Diaria:
Génesis 47:28-48:22 [leer]
/Salmos 26:1-27:14 [leer]
/Mateo 26:57-75 [leer]